Yum Cimil también es conocido como Ah Puch, dios de la muerte en la cultura Maya
Resistencia Tenochtitlan
[email protected] 15 puntos 27/04/2018 106 visitas Reportar

Los nativos mayas de la actualidad, habitantes de la Península de Yucatán, aseguran que Yum Cimil, Señor de la Muerte, da vueltas alrededor de las habitaciones de los enfermos para llevárselos. Este tan temido señor fue el antiguo dios maya de la muerte, el Señor del Inframundo, que recibía el nombre de Ah Puch, también conocido como Ah Cimih, Kisin (el apestoso), y Hun Ahau. Los mayas lo representaban como un esqueleto con rostro de jaguar o búho, de su cuerpo se podían ver las costillas y la columna vertebral sin carnes; es decir, sólo se apreciaban los huesos. Pero a veces su cuerpo estaba cubierto de carne, de una carne hinchada y llena de círculos negros causados por la descomposición. Ah Puch se adornaba con cascabeles que se ponía en los cabellos, los antebrazos y las piernas, y en su pecho ostentaba un pectoral en forma de caracol. Los cascabeles que usaba eran de muchos tamaños, desde chiquititos hasta grandes como naranjas, estaban hechos de cobre y oro. Ah Puch era un dios malo al que siempre acompañaban un perro, el pájaro Moan, y un tecolote.

Ah puch Imagen eliminada.

Todos ellos considerados animales de mala suerte y de muerte. Ah Puch tenía dos jeroglíficos para escribir su nombre. El primero era un dibujo que representaba la cabeza de un cadáver con los ojos cerrados por la muerte. En el segundo, se representaba con la cabeza del dios con la nariz rota y las mandíbulas descarnadas, junto a un cuchillo de pedernal utilizado en los sacrificios humanos. Patricio Pech era un jovencito que vivía en las afueras de la ciudad de Mérida; tuvo la mala suerte de atrapar la varicela. A las doce de la noche se encontraba en su camita acostado con mucha fiebre. De pronto, vio en una esquina del cuarto un horrible esqueleto lleno de cascabeles, acompañado de un enorme perro y de un pájaro semejante a un búho que chillaba como un niñito. Patricio en seguida reconoció a Yum Cimil y estuvo seguro de su muerte. Demasiado asustado para gritar u oponer resistencia, fue apresado por las descarnadas garras del Señor de la Muerte y levantado en vilo. Sintió que lo llevaban por muchos caminos, bajando escaleras, cruzando ríos de sangre, hasta llegar a un lugar llamado Xibalbá, el lugar del horror, el Inframundo. Aterrado, Patricio fue introducido en una casa oscura; luego, le llevaron a un recinto lleno de cuchillos que le cortaron y le destrozaron el cuerpo que glotonamente devoraron unos jaguares. Al otro día, la madre de Patricio Pech encontró a su hijo muerto. Junto a la manta que cubría su cuerpo encontró un cascabel de oro y una pluma de tecolote, prueba irrefutable de que Yum Cimil se lo había llevado a sus oscuros dominios. Tal fue la mala suerte de Patricio.


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